Agradecer al cuerpo

 Cada paso dado iba agradeciendo su sosten, caminaba y al mismo ritmo llevaba la respiración, acompasado cada uno, me daba paz, me daba energía,  además de la economía a nivel corporal que realizaba..al subir la cima que me explicaron luego era la más difícil,  que por eso el nombre del arrepentimiento,  le di gracias a la Divinidad que me llevó allí y mi cuerpo,  porque se portó muy bien, mantuvo justo su paso, mientras amorosamente le hablaba en el camino,  que era un esfuerzo extra que estábamos haciendo y que ambos íbamos a estar bien, que le hacía bien ese aire para limpiar los pulmones y cuerpo de la ciudad. Que se recargaria, lo cual se traduciría en salud.  Luego en las noches en medio de la fogata , masajeaba mis pies y piernas con aceite,  agradeciéndole lo bien que se portaron. Al bajar del Pico Duarte no tuve mayores dolamas que las normales..otros estaban devastados y cuando me preguntaban cómo lo hice,  les dije: hablé con mi cuerpo, lo cuidé y mime,  no me olvidé de él, sabía que eran muchos kilómetros, así que lo protegí para que no fuera invasiva aquella aventura..no todo se corre en la montaña y aunque pudiera,  pensé en él.  Debemos ser gentiles como dice mi maestra de yoga con el cuerpo,  debemos cuidarlo, amarlo y prestarle toda la atención. Siempre al final de un día agotador, añóñelo, mimése un rato, relájese y agradezca como ha tolerado el día,  nunca deje de agradecer a su cuerpo,  él lo escucha,  aunque no lo crea.

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